Mi Historia con el “Bocha” y su historia con el GIEFI

A un año de la partida de Don Héctor Luis Sicco

Por Alejandro de León (CEFO / GIEFI)

Hoy se cumple un año de la desaparición física de Don Héctor Luis Sicco, el “Bocha”. Nunca mejor aplicado ese eufemismo que pretende eludir palabras más duras como muerte o fallecimiento. Porque es así: Don Héctor no está físicamente entre nosotros, pero vive en la mente y el corazón de los que lo conocieron, de los que recibieron algún material de su enorme archivo, de los que compartieron con él tal vez una sola charla, de los que se comunicaron con él por carta o por teléfono y de los que sólo conocieron sus mentas pero atesoran un respeto a su trabajo y un cariño a su figura.

Me encuentro entre los privilegiados que lo conoció, que compartió con él varios Encuentros Nacionales del GIEFI, así como largas charlas en la pequeña sala de su apartamento del Buceo, y además que recibió mucho material de su único y rico archivo.

Primero conocí sus mentas. Eran los comienzos de los ’90, yo tenía veintipocos años y fue a través de Alejandro Romillo que tuve conocimiento de su nombre y de su trabajo. Alejo me pasó todos los resultados del Campeonato del Este desde sus inicios: una auténtica joya, sobre todo cuando a esas alturas nuestras investigaciones no llegaban ni a la mitad de la historia del torneo.

Por entonces, con Walter Acarino habíamos creado el Centro de Estudios del Fútbol Olimareño (CEFO) y realizábamos nuestras primeras publicaciones sobre el fútbol de Treinta y Tres. Sin conocerlo, reservamos un ejemplar de cada edición de revista “La Semana” en la que habíamos publicado la información, para entregársela a Don Héctor, en retribución por la información que habíamos recibido. Sin embargo, esa entrega no sería inmediata.

Pasaría más de una década, luego de fundado el Grupo de Investigación y Estadísticas del Fútbol del Interior (GIEFI), en el año 2002, para conocer personalmente a esa leyenda viviente, que ya tenía nada menos que 71 años. El GIEFI había nacido al amparo de internet y el correo electrónico, sin embargo, nos dio pie para contactarnos con Héctor y sumarlo, casi desde sus inicios a aquel grupo de locos que compartía datos y anécdotas.

En noviembre de aquel año, Saúl Andrada nos recibió en su Paso de los Toros natal en el marco del 1er. Encuentro Nacional del GIEFI. El viaje de ida y vuelta fue un disfrute, una charla sin fin sobre fútbol de todas las épocas y todas las latitudes. Era la primera vez que un montón de ya autoconsiderados amigos, nos veíamos la cara.

Curiosamente, durante esa década que transcurre entre que tomo conocimiento de la obra de Héctor y que lo conozco personalmente, ambos vivíamos en la misma ciudad: Montevideo, pero por esas cosas no se había dado el encuentro personal.

En 2003 yo vuelvo a Treinta y Tres. No obstante, al tener a mi madre en la Capital, eran frecuentes mis viajes a la misma. Y desde entonces, visité asiduamente a Héctor en su morada de las viviendas frente al Cementerio del Buceo. Su señora, Beatriz, nos recibía cortésmente, aunque sabía que por unas horas le secuestrábamos a Héctor para llevarlo a ese mundo mágico de las estadísticas y las anécdotas de futboles de todos los tiempos. En muchas visitas, algo de su material “se me pegaba”, ya que Héctor fue siempre muy generoso, demasiado quizás, a la hora de compartir material de su archivo. Otras veces me retiraba sin “carpetas”, pero con el corazón lleno por haber compartido un “real de prosa” entrañable.

En 2005 el Encuentro Nacional del GIEFI fue en Montevideo y nuevamente compartimos  largas tertulias futboleras.

Pasarían varios años, hasta que en abril de 2012, en ocasión del 10º aniversario del GIEFI, Jesús Estévez nos recibiera para un nuevo Encuentro Nacional del GIEFI en Trinidad, el de mayor concurrencia de la historia. Allí, a hurtadillas, armamos una pequeña ceremonia para entregarle a Héctor una placa en la que bautizábamos el Archivo del GIEFI con su nombre, al tiempo que queríamos expresarle nuestro agradecimiento y nuestro cariño por el aporte material y humano realizado por él, para con el grupo y para con la historiografía del fútbol uruguayo. La iniciativa partió de nuestro querido amigo Raúl Ruppel.

Fue un momento sumamente emotivo, para él, para Beatriz y para todos los compañeros: los que estuvieron allí y los que no pudieron estar. Era un reconocimiento en vida a una vida dedicada a la investigación y a la generosidad con que Héctor compartió esa investigación. Héctor venía de la desgarradora pérdida de su hijo Ruben, también fanático de las estadísticas y de la investigación, que había fallecido unos años antes.

Los dos últimos Encuentros Nacionales del GIEFI tendrían lugar en su Río Negro natal. En 2016 en Fray Bentos y en 2018 en Young. En la capital rionegrense, Walter “Goma” Socías nos pasearía por la singular historia de su Liga y su Selección, por las mismas calles y canchas que vieron los tiempos mozos de Don Héctor. En Young, Raúl Ruppel nos esperaría con su maravilloso Museo y su enorme colección de camisetas, diarios y revistas.

Estos episodios que relato, los encuentros nacionales del GIEFI, son tan espaciados como entrañables. Pese a que, primero por correo electrónico y luego por whatsapp, los integrantes del grupo dialogamos casi a diario e intercambiamos un sinfín de información, nada iguala al encuentro personal. Pese a no participar de esas vías de comunicación virtual, Héctor se sentía parte del grupo y por la vía telefónica se mantenía al tanto de las novedades.

Fue mucho lo que Héctor aportó al GIEFI, a sus integrantes y a mucha gente más con material de su archivo, pero por suerte, el GIEFI pudo retribuirle en información, pero sobre todo en afecto.

En lo personal, me congratulo de haberlo conocido, de poder haberlo podido considerar un amigo pese a la gran diferencia de edad que teníamos, de haber sabido de su trabajo sobre estadísticas e investigación, porque es único y merece ser rescatado y continuado y de saber que, pudimos darle todo nuestro agradecimiento y afecto en estas casi dos décadas que convivimos dentro del GIEFI.

Hoy, el Archivo del GIEFI se denomina “Don Héctor Luis Sicco”, por lo que su nombre vive en lo material, pero también en nuestros corazones.

Foto: Héctor, el tercero en el frente, junto a su esposa Beatriz, en el Encuentro Nacional de GIEFI en su natal Fray Bentos, 2016.

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