Alfredo Zaldúa (Nueva Palmira), Raúl Ruppel (Young) y Wagner "Terry" Dos Santos (Agraciada), miembros de GIEFI.

La otra cara de la pelota

Por Alfredo Zaldúa (GIEFI Nueva Palmira)

En Young: Un tal Raúl Ruppel, el “loco” del Museo del Fútbol

Como miembros del GIEFI (*), viajamos desde Nueva Palmira hasta Young el coterráneo Terry Dos Santos y el autor de esta entrevista. El objetivo era trasladar parte del frondoso archivo futbolero (no menos de 25 paquetes) legado a Terry con recopilación de datos de todo tipo y color acumulado a lo largo de su prolongada vida por el fraybentino radicado en Montevideo, don Héctor Bocha Sicco, fallecido a principios de 2019. El lugar puntual marcado para su destino era el Museo que la pasión e inquietud que arrastra desde niño por  todo lo que tiene que ver con el fútbol, le ha ido haciendo tomar cuerpo en su propia casa el también giefista Raúl Ruppel (12/02/1974). Cumplida la misión primaria correspondía una segunda parte. Luego de que el anfitrión recibiera la documentación con la alegría de un niño  que descubre su regalo de reyes, siguió andar las escaleras para descubrir ese mundo que Raúl atesora dándonos paso a indagar en esta particular  historia germinada de cobijar otras tantas historias haciéndose merecedora de ser contada. Nuestra curiosidad apenas excusa para dar paso a la voz del verdadero protagonista.

¿Cuándo y cómo te surgió la idea del hoy Museo que funciona en el altillo de tu casa y del cual ya tenés en marcha una ampliación?

—Viviendo en la Colonia Alemana El Ombú, mi viejo realizaba 2 viajes por día a Young con el camión, llevando los tarros de leche a Claldy. Un día de 1980, aún recuerdo nítidamente a pesar de tener 6 años, me trajo un diario que tenía a “Cascarilla” Morales en la tapa, desde ese día y en forma instantánea comencé a recortar y pegar cada foto de fútbol. Cada día crecía en material, ya que el gerente de la Colonia, Gerardh Dyck, aún vive,  compraba el diario todos los días y cada viernes, golpeaba las manos y recibía la parte deportiva, amén que en varios acontecimientos mi padre me compraba los diarios Mundocolor y últimas Noticias, sobre todo los lunes que traía enormes posters color, que aún  conservo. A pesar de que la vida corrió y llegaron los hijos, tengo 3, nunca abandoné esta sana locura, es así que sacamos un crédito con mi señora especialmente para la construcción de la planta alta, que quedó chica y apenas pagamos, sacamos otro para la ampliación, que ya hay una parte realizada. Mucho del trabajo lo hice yo, pero BPS me cobró una elevada multa de forma contado, argumentando que yo no era idóneo en construcción. Nos dejó tecleando, se tuvo que pagar 180.000 pesos de una; esas cosas de nuestro país.

No negás tu simpatía por Nacional de Montevideo, incluso llegando a estar un tiempo en sus formativas. En el Museo se pueden observar muchas camisetas tricolores, casi todas autografiadas, pero es bueno aclarar que el tuyo no es un Museo dedicado a Nacional sino que tiene cabida todo aquello relacionado con el fútbol en general. Desde el younguense al de todo el interior, el profesional e internacional.

—Exacto; si bien mi amor por Nacional es inmenso y hay muchísimo material tricolor, también abarca de otros clubes tanto capitalinos como del interior e internacionalmente, material inédito que llega a mis manos, mucho por confiar en mí. Camisetas de jugadores younguenses en su pasaje por el profesionalismo, trayectorias, camisetas del fútbol local, diarios, revistas internacionales de toda índole, países y años, muchos libros, pósters, videos y cassettes, cuadernos escritos a mano, fotos antiguas originales, colección de El Diario desde 1938 a 1981 inclusive, día a día, diarios hasta la fecha, gorros, adhesivos, diarios locales, un montón enorme de álbumes de diferentes épocas y muchas cosas más…

Capítulo aparte merece el archivo gráfico donde en carpetas y en grandes encuadernaciones tenés recopilada la historia del fútbol de muchos años a esta parte. ¿Qué se puede encontrar en ese acopio?

—Desde que tengo uso de razón,  llevo a mano anotados en cuadernos todos los partidos, especialmente de Nacional, pero por varios años llevé de todos los clubes.

Tengo entendido que además de lo que hay en cajas y muebles en el Museo en sí mismo tenés mucho material impreso, recortes, etcétera, guardado en otro sector de tu casa.

—Sí, hay otro sector. Mi hija se fue a estudiar a Montevideo y me llegaron 700 libros encuadernados de gran peso, los archivos de los diarios El Día y La Mañana desde 1938 a  1981 incluido. Por el peso era imposible llevarlo arriba (al altillo), entonces paré la cama del cuarto de  mi hija y los puse ahí. Cuando terminé de arreglar la llame: “Paula, tratá de recibirte y quedarte en Montevideo, no tenés más tu cuarto.” (Sonrisas). Mi hija se recibió de abogada con 23 años y vive allá. Mi señora me aguanta todas estas cosas.

Mucho material, especialmente el relacionado con estadísticas, resultados, historias, lo recopilás vos mismo. ¿Cómo te has ido haciendo de lo demás? ¿Comprás, pedís, te regalan?

—La mayoría es material que fui atesorando de niño, también hay un montón que ingresó por personas que confían en mi trabajo, entre ellos jugadores y eso lo hace especial. Compro muy poco, pero a veces aparecen piezas que las necesito y trato de hacerme de ellas.

Hay quienes se han desprendido de sus propios recuerdos para hacerte custodio de ellos y no sólo de fútbol aunque este sea la consecuencia. Para vos todo tiene el mismo valor pero igual: ¿es posible evalúes cuál puede ser la pieza más valiosa, no en lo material sino por lo significativo?

—Sí. Por ejemplo Alberto Bica, un amigo enorme, decidió que los recortes que tenía debían venir acá, además para mí fue grandiosa esa época del 80 al 84. Volví a tener diarios que nunca pensé  volver a ver, que de niño recortaba y pegaba, desperdiciando información. Aparte un espejo. Albertito sentado a la mesa de mi familia, hablando con tremenda humildad, un crack de aquellos. También un  día apareció Amaro Nadal, me regaló sus camisetas de su pasaje en Colombia y España, con una historia formidable la 9 del Deportivo Cali, allí es ídolo total. Sus goles y su venta hicieron revivir al club. Alexis Rolín también se  desprendió de sus camisetas del Catania, de Boca, de Nacional y una especial, la de Uruguay en los Juegos Olímpicos. Dardo Pérez, campeón de América y del Mundo con Nacional en 1980, estuvo en casa y luego me regaló lo único que conservaba: dos pañuelos que les entregó la Directiva con caricaturas  de los jugadores. Gerardo Miranda, tiene el récord. Fue goleador de dos campeonatos uruguayos consecutivos defendiendo a un club de los denominados en desarrollo (Defensor), 1986 y 1987, le entregaron dos enormes balones de oro, que me los regaló personalmente  más la camiseta violeta. Aún con menos edad, la categoría Sub 20 de Nacional que ganó la Copa Libertadores estuvo en casa, tres años después fue campeona y Sebastián Taramasco me llamó para entregarme en Los Céspedes una camiseta de aquel plantel. También desde Israel recibí un sobre con fotos originales de Nacional entre ellas la entrada  en la final Intercontinetal en Tokio 1988, enviada por Diego Porzencanski, eran de su abuelo. Una vez fui a mirar un partido de Polo con la camiseta de Nacional, allí jugaba David “Pelón” Stirling, gran bolso. Recuerdo que era una tarde de mucha tormenta, al finalizar el partido la gente lo rodeaba para tener algo de él, lo perdí de vista, ya me iba y me tocan la espalda, era “Pelón”, me traje la camiseta pero también la bocha y el taco, esas piezas duermen en el Museo. Así hay muchas cosas, creo que todas tienen alto valor. Posiblemente para mí sea mi primer cuaderno. Desprolijo, escrito a manera de un niño de 6 años y pegado con el viejo y querido “engrudo”, la tapa forrada con una hoja de una revista alemana, ahí se encierra el principio de todo.

Hay que decir que aportás material e información desde tus archivos a todos quienes te lo solicitan que no son pocos, incluyendo la propia Comisión de Patrimonio de Nacional de Montevideo.

—Sí, nunca tuve eso de que es mío y de nadie más, siempre estoy abierto a colaborar. En la Comisión de Historia y Estadísticas de Nacional tengo amigos y sé del enorme trabajo, como lo que hace Federico Viana y Gonzalo Pérez por ejemplo. En la medida de mis posibilidades me encanta aportar lo que sea útil.

Partamos de la base que el Museo es un hobby que no te reditúa económicamente, aparte socialmente también vinculado al fútbol de Young tenés un equipo de niños, más  lo que significa “tu” Atlanta local, el trabajo, la familia…¿Cómo distribuís tu tiempo?

—El Museo es parte de mi vida, nunca me frené a pensar en la parte económica. Me volví a radicar en Young a fines de 1998, en mayo de 1999 fundé La Escuelita, en el año 2001 la afiliamos a la Liga de Baby Fútbol. Son 120 niños que no sólo reciben enseñanza de fútbol, también tenemos el merendero, biblioteca, en invierno se hacen comidas y permanente apoyo en diferentes áreas, todo de forma totalmente gratuita para el niño. Dese hace 21 años soy Presidente, también técnico, delegado y canchero cuando somos locales.  Lógicamente atrás tengo gente de “fierro”, entre ellos José Ignacio Fiorelli, otrora capitán de la selección de Young. Cada año amago a irme, pero no me dejan. Atlanta también es parte de mi vida.Allí jugué por más de 30 años, hoy lo hacen mis hijos Nicolás y Thiago. La Escuelita va  hasta los 13 años. Atlanta arranca con Sub 14, ambos trabajan en la misma cancha y mismo barrio: La Calera. También me hago tiempo para escribir, tanto del fútbol local, tengo algunas autorías como el libro de El Trébol  y el de Atlanta y sobre este hasta realizamos una película muy amateur, sin fondos pero que recorre su vida desde aquel 22 de diciembre de 1951 hasta la fecha. Integro el GIEFI desde hace 18 años, una barra formidable que cubre el olvidado fútbol del interior. De Nacional, bajo el nombre de “Escribe el corazón”, hoy justamente terminé de escribir el artículo 500 sobre el tricolor, tal  vez nunca saldrá a luz, simplemente quedará el aporte para futuras generaciones aunque anda un proyecto de sacarlo por internet. Todas esas actividades las hago  luego de salir del trabajo de 9 horas.

Por esa misma razón, partiendo de la base que el Museo  es parte de tu casa, supongo te resulta imposible tener fijos marcados días y horarios de  visita. ¿Cómo pueden hacer aquellos que se sientan interesados en hacerlo?

—Exacto, generalmente estoy en la noche. A veces es llamar y coordinamos. Me pasó en varias oportunidades que aparece gente imprevistamente, no sólo del Uruguay, también de Argentina y mismo de  Brasil, que por las redes sociales se enteran y como estamos en un punto interesante del país, llegan. Me pueden ubicar por Facebook o celular.

Cada uno que se interese es importante para vos. Ahora, seguro ha habido figuras famosas que pasaron por el Museo. ¿Quiénes entre ellas?

—Amigos, entre ellos Wilmar Cabrera,  Alberto Bica, Waldemar Victorino, Dardo Pérez, Esteban Conde y varios más que no sólo vieron el Museo, también comparten la mesa o un mate que es lo importante. Muchos piensan que  esta locura quita tiempo, sin embargo me ayuda a vivir, conocí muchas personas que tienen esta misma pasión.

Resulta interesante cerrar con una anécdota que refleja tu sentimiento por el Museo.

—Un  primero de enero, había reunión familiar en la ciudad de Paysandú. Yo llevaba el cordero en el baúl del coche, me esperaban todos, cuando voy a mitad de camino observo una tormenta que se levantaba al fondo, ahí me acordé que había dejado las ventanas abiertas del Museo para la ventilación. Dos kilómetros antes de llegar, metí freno y di media vuelta rumbo a Young, con la tormenta arriba, a la entrada era agua y viento, pero llegué justito, cerré las ventanas y terminé con el cordero en el horno y solo con mi familia. Los de Paysandú me querían matar (Sonrisas.)

(*): Grupo de Investigación y Estadísticas del Fútbol del Interior.

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